Cincuenta y cinco años lleva la fundición aragonesaEbroacero, ubicada en el polígono Argualas de la capital aragonesa, haciendo grandes piezas pesadas desde los 50 kilos hasta las 16 toneladas, para cementeras, barcos, centrales eléctricas, azucareras, ferrocarriles y plataformas petrolíferas. Unas piezas de gran precisión hechas a la carta para ingenierías y clientes, en las que trabaja un equipo de 90 personas, y que van destinadas no solo al mercado español sino a todo el mundo. La exportación representa el 40%. «La expectativa es seguir buscando mercados en los que introducirnos sobre todo en lo que es el desarrollo de maquinaría para la generación de energía eólica en el mar  y para las plataformas petrolíferas. Ahí está el futuro», asegura su director comercial, Ignacio Giménez.

Como anfitrión en la visita que ha realizado esta mañana la consejera de Economía Marta Gastón a Ebroacero, Giménez  le ha explicado que la vocación exportadora de esta fundición viene de lejos ya que cuentan con un departamento de internacional desde hace 30 años. «Siempre hemos exportado de forma natural. Estamos constantemente viajando y aprendiendo de lo que vemos fuera». Eso les ha permitido, ha añadido el directivo, contar en este momento con proyectos para barcos de amarre en Guayana y piezas para plataformas petrolíferas en el Golfo de Tejas.

Desde Ebroacero están diseñando y fabricando actualmente las bombas de agua para una mina en Katanga (el Congo). «El cliente es suizo y hay que desarrollarle para la mina que tiene allí una minicentral hidroeléctrica y unas bombas de desalojo de agua», indica el director comercial de esta veterana fundición aragonesa, la segunda en capacidad en España en pieza pesada. La primera es Sidenor. El año pasado facturó 10 millones de euros y la perspectiva es llegar a alcanzar los 11 millones este año.

Fue a raíz de que ganase el premio a la trayectoria internacional de Cámara  de Comercio este pasado mes de junio cuando la consejera Gastón se comprometió a visitar esta empresa familiar que gracias a la diversificación y la exportación ha sabido mantenerse y crecer al margen de los vaivenes económicos. «Hemos notado un repunte importante en la demanda estos últimos años. Pero desde el verano, hay un poco de desaceleración», reconoce.

Su objetivo, asegura Giménez, seguir creciendo, aunque advierte de que la espiral de subida de los precios de la luz y el gas no puede continuar dado que resta mucha competitividad a las industrias como la que dirige en la que solo un horno funde 2.500 toneladas de hierro al año.

El futuro, dice, pasa por las energías renovables y de hecho, Ebroacero va a apostar por introducirse en la eólica del mar. En la de tierra, ha recordado, ya estuvieron, pero cambió la normativa y la pieza del aerogenerador que hacían en hierro pasó a ser de otros materiales y dejaron el sector. Lo mismo ocurrió en el ferroviario. «Hacíamos los cruzamientos para el tren de Alta Velocidad, pero la tecnología cambió y nos salimos». En este sentido, el directivo ha explicado que «las series largas que requieren mucho volumen no nos interesan sino las piezas únicas». Y en pieza pesada, dado la complejidad de los procesos que desarrollan de forma integral, apenas tienen competidores: solo dos en el norte de España.

En los últimos años han realizado inversiones importantes como la  instalación de grandes campanas para sacar el humo, que supuso  el desembolso de 1 millón de euros. Asimismo, se ha renovado todo el parque de grúas y los dos enormes hornos de fundición se cambiaron hace quince años y cada año son también objeto en verano durante varias semanas de labores de mantenimiento y puesta a punto.

En Ebroacero se trabaja a dos turnos. La chatarra de la que se extrae un 98% de hierro es la principal materia prima y las ferroaleaciones. Unos hornos que la funden a una temperatura de entre 1.500 o 1.600 grados y un pulido posterior dan lugar a las piezas pesadas destinadas a los distintos sectores industriales. Cada colada de horno suele durar unas tres horas y después ya manualmente son los operarios especializados los que les acaban de darle a las piezas la forma definitiva. Cuentan también con un laboratorio de calidad en el que miden tanto la pureza del material como la tracción de las piezas.